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Invocando la imagen de la mujer: Tres poemas de Raúl Aceves y una introducción

Benjamin Clausen

During the summer of 2000 I spent five weeks in Guadalajara, Mexico, attending classes at the University of Guadalajara and researching contemporary Mexican poetry with a grant from the Society of Junior Fellows. My literature professor at the university put me in touch with three poets who live and work in Guadalajara: Raúl Aceves, Raúl Bañuelos and Luis Medina Gutiérrez. All three work at La Casa de la Palabra y las Imágines, an art studio and research center owned by the University of Guadalajara.

The three poets' work combines a simple, aesthetic scrutiny of day-to-day life with powerful metaphoric and symbolic resonance. Their influences range from Pablo Neruda to Octavio Paz. Like many earlier movements in the history of Mexican poetry, such as the Modernists and avant-garde schools, there is an international and universal aspect to their work; Aceves, Bañuelos and Medina Gutiérrez are all well read in English and American poetry and can cite many influences from these distinct national traditions.

The poetry of Raúl Aceves, the focus of this article, is an accessible but philosophical poetry. Many of Aceves's poems are love poems, but they always transcend this context, their meanings bleeding into other facets of human experience. I have included three poems by Raúl Aceves in this article, along with my English translation. In each of these poems Aceves approaches "the woman," both as an erotic force and as a metaphysical entity.

In the first poem, "I Knew a Woman Made of Chocolate," the woman described is transformed into images of the natural world by the poet's sexual imagination. In the second poem, "To Comprehend the Power of Woman," the female is conceived as an immortal force, half of a polarity which, when combined with the male, encompasses the beautiful erotic imagery with powerful metaphos in which the woman assumes various roles and symbols such as "lips," "God," and "man."

Conocí al poeta Raúl Aceves durante el verano de 2000 cuando estaba estudiando en el Centro de Estudios Para Extranjeros (CEPE) en la Universidad de Guadalajara e investigando la poesía contemporánea mexicana con una donación de la sociedad de Junior Fellows. Mi profesor de literatura en el CEPE me dio los nombres de tres poetas: Raúl Aceves, Raúl Bañuelos y Luis Medina Gutiérrez, y me puso en contacto con ellos para que yo pueda perseguir mi investigación. Estos tres poetas junto con sus otras muchas responsabilidades, trabajan en la Casa de la Palabra y las Imágenes1 y allí es donde me reunía con ellos para llevar a cabo unas entrevistas sobre la poesía mexicana. Los tres se sitúan entre los más importantes poetas contemporáneas en Guadalajara: Aceves y Bañuelos son autores establecidos y su obra era parte del plan de estudios del concurso de la Literatura mexicana contemporánea en el CEPE; y aun cuando Gutiérrez es más joven y ha publicado menos libros, también tiene un gran reconocimiento en el mundo de la poesía mexicana y ha ganado muchos premios y concursos de publicación.

Durante el verano de 2000 me familiaricé con la obra de estos tres poetas. Desafortunadamente, es difícil encontrar libros en México a menos que sean escritos por los autores más renombrados, y por eso solamente obtuve un libro de cada poeta, la colección de poemas con que cada poeta está más satisfecho. Aunque sea limitada, voy a presentar

La mayor parte de la poesía de Aceves, Bañuelos y Gutiérrez surge de la vida cotidiana, un aspecto llamado de la poesía de los años después del movimiento posrevolucionario2. Aceves y Bañuelos también se interesan por conceptos abstractos, filosóficos y metafísicos, incorporando la tradición de los "Contemporáneos"3 y miembros de la Generación de 19544 como Octavio Paz, mientras la obra de Gutiérrez se fija en la vida cotidiana para realizar resonancias alegóricas muy fuertes, a veces invocando la mitología indígena o imágenes y personajes que parecen mitológicos. La poesía de los tres no tiene ningún propósito social ni político; no es parte de la tradicion revolucionaria sino la de los "Contemporáneos" cuyos únicos propósitos eran la creación de una obra de arte, la perfección estética, y la búsqueda de lo universal.

Aceves, Bañuelos y Gutiérrez también tienen un aspecto internacional como los modernistas5, los vanguardistas6 y los poetas posrevolucionarias en México. Todos los tres son muy familiares con la poesía inglesa y norteamericana y, además, Aceves ha trabajado con un amigo en la traducción de la poesía coreana. Esta influencia de la poesía de otros paises se puede ver en la obra de ellos. Aunque Aceves y Bañuelos nacieron en los años cincuenta y pueden ser incluídos en la llamada "Generación de los años ochenta"7 o "la poesía de crisis,"8 no se refleja esto en su poesía, una poesía que no busca su identidad en la rebelión contra el gran contenido intelectual de Octavio Paz y otros poetas posrevolucionarios sino en una apropiación de esta tradición. Gutiérrez se puede situar como una voz fuerte y diestra entre la profusión de la poesía actual en México.

Aun cuando la obra poética de Aceves, Bañuelos y Gutiérrez son muy distintas y tienen sus propias idiosincrasias, también hay evidencia de que son parte de una comunidad literaria. Por la razón de que hay pocos lectores de la poesía actual en México, los poetas publicados que existen leen y critican su poesía entre sí. Como dice Gutiérrez en su entrevista, "somos lectores de nosotros mismos" y esto crea cierto sentido de familia. Por ejemplo, la descripción y crítica de la poesía de Gutiérrez que aparece en la portada de su primer libro fue escrito por Bañuelos. Así también Bañuelos dedica una de sus poemas a Aceves. Está claro que nuestros tres poetas son amigos y colegas que funcionan dentro de una comunidad poética mexicana.

Ahora enfocamos más específicamente el caso de Aceves. Raúl Aceves nació en 1951 en Guadalajara, Jalisco, México. Estudió la licenciatura en psicología en la Universidad jesuíta del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. Desde 1988 labora como profesor-investigador en el Departamento de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara. Escribe poesía, aforismos, ensayos y minificciones, principalmente. Entre sus libros de poesía se encuentran los siguientes: Cielo de las cosas devueltas (1982), Expedición al Ser (1989), Las arpas del relámpago (1990), La torre del jardín de los símbolos (1990), Lotería de milagro (1996), Dislocaciones y travesías (1997), Caja de islas (1999), y Oficios mexicanos (2000). Los tres poemas que he incluido aquí vienen de Las arpas del relámpago excepto "Para comprender el poder de la mujer."

La poesía de Aceves es una poesía sencilla pero profunda. Se ha dicho que él escribe como un niño, con un gran asombro inocente ante la vida y el mundo. Sin embargo, su obra maneja con gran destreza conceptos filosóficos. Como decía él, "La intensidad es no sólo en cuanto al sentimiento que expresa sino también intelectual, de ideas." A Aceves le encanta jugar, con ideas, con palabras y con la forma del poema mismo, pero sus juegos nunca oscurecen el momento poético que es la fuerza fundamental de sus versos. Por ejemplo, su poema "Torre de Pisa" tiene una forma caligramática en que se refleja el tema del poema: la imágen de la escalera y el deseo primordial del ser humano de subir a sí mismo. En este sentido Aceves es un poeta experimental pero sus innovaciones siempre sirven su próposito poético.

Raúl Aceves es un poeta del amor humano, con todas las resonancias que éste tiene en nuestra experiencia. Según él, hay una "necesidad de expresarse el sentimiento más profundo que tenemos en el amor" y "el lenguaje de la poesía es muy apto para eso." Relacionada con el amor es el tema de la mujer que aparece mucho en su poesía, no sólo como objeto del amor del hombre sino también como fuerza erótica, símbolo metafísico, y sobre todo un elemento fiero e independiente en que se encuentra una ambigüedad muy rica y enigmática.

A la edad de diecisiete años Aceves fue parte de una expedición a subir la montaña Iztlazihuatl. Durante la expedición ocurrió un accidente horrible en que murieron once de sus compañeros. Este accidente ha tenido un impacto muy fuerte sobre Aceves y su poesía en que aparece muchas veces la imágen de la montaña, como madre cuidadora y como escalera a la muerte. No obstante esta experiencia tan seria, Aceves mantiene en su poesía una inocencia y un humor muy vivos. Su trabajo como investigador de la literatura de los indígenas y su interés y exploración personal de las filosofías y religiones orientales también han influido en su obra. Como Bañuelos y Gutiérrez, Aceves ha abandonado la rima y el número determinado de sílabas en un verso, pero todavía trata con mucho cuidado la orquestración de sus palabras y la estructura orgánica y única de cada poema.

En el poema "Conocí una mujer de chocolate," alcanza Aceves unas imágenes muy vívidas y sensuales. Se describe a una mujer exótica que es transformada por las metáforas en aspectos de la naturaleza, como el chocolate, los árboles y las abejas. Es la imaginación sexual y erótica del poeta que transfigura a la mujer y que dicta que su belleza se traslade a las cosas del mundo natural. Al fin, el poeta también es transformado, por la fuerza erótica de la mujer tanto como por su propia imaginación. Él se vuelve el viento del símil de la última estrofa, el cual es abrazado por las palmeras al mismo tiempo que los "tumba para contemplarles las raíces." Las raíces, en este caso, llevan no sólo su definición literal sino que también refieren a la alcurnia de esta mujer, la cual puede tener una raíz indígena.

El poema "Para comprender el poder de la mujer" aborda el tema de la mujer también pero mediante otra estrategia. Todas las siete estrofas comienzan con el mandato "Imagine." Esta estructura era común en Latinoamérica en otra época en que se usaba como una manera de hacer un discurso al lector sobre un tema, utilizando la imaginación. La repetición de "Imagine" añade fuerza al poema y funciona como invitación íntima a participar en el poema porque habla directamenta al lector.

Contrapuesta al poema "Conocí una mujer de chocolate," la mujer de "Para comprender el poder de la mujer" no es una persona específica quien se convierte en la naturaleza sino que funciona como generalización abstracta de lo femenino. Por las imágenes poéticas y la alegoría del poema, "la mujer" se convierte en un símbolo metafísico, la mitad de una polaridad, un concepto filosófico que se relaciona con el Yin-Yang del Taoismo. En las últimas tres estrofas el lector y el poeta, como hombres, encuentran su otra polaridad y los dos, lo masculino y lo femenino, se unen para formar el Universo.

El poema "Mujer usa labios" es parte de un ciclo poético dentro de la colección Las arpas del relámpago en el cual todos los poemas comienzan con las palabras "mujer usa." Otra vez Aceves está abordando el tema de la mujer quien en este caso puede ser una mujer específica como en "Conocí una mujer de chocolate," o una abstracción de lo femenino como en "Para comprender el poder de la mujer." En la primera estrofa la mujer aparece por unas imágenes muy sensuales de su boca que es su instrumento para decir palabras o dejar silencio, y al mismo tiempo se relaciona con las imágenes de la vagina y la flor. Estas imágenes son unidas por la repetición de "flor" y "gajos" que crea una transición sutil entre los versos. Hay una ambigüedad muy rica en los términos "ser hombre" y "ser Dios," que pueden referirse literalmente a las entidades del hombre y Dios o la apropiación por la mujer de estas entidades. La imagen del último verso es muy poderosa y alcanzada con mucha destreza. Representa lo mejor de Raúl Aceves.


I knew a woman made of chocolate

with polished mahogany skin
to be caressed with hot hands
a woman that rained long black tresses
like the longest drops of honey from
African bees
I would drink the steaming cup of her eyes
on a cold night
and with her legs of cedar she would embrace me
like the palm trees embrace the wind
which fells them
to meditate on their roots.

Raúl Aceves
(Trans. Benjamin Clausen)

Conocí una mujer de chocolate

de piel caoba brillante
para acariciarla con manos calientes
una mujer que llovía largos cabellos negros
como gotas larguísimas de una miel de
abejas africanas
me bebería la taza humeante de sus ojos
una noche de frío
y en sus piernas de cedro me abrazaría
como el viento se abraza de las palmeras
que tumba
para contemplarles las raíces

Raúl Aceves


Woman uses lips

her mouth a two petal flower
her flower two slices of inedible fruit
which pronounce desires
slices of the unutterable
lips which at last resign themselves
to the silence of the cleft between them

Woman uses being man
to know herself from him,
from over there;
woman uses being God
when her soul escapes her
and no longer wants to return
to her body, vacant at last,
like a star in the flesh of the night

Raúl Aceves
(Trans. Benjamin Clausen)

Mujer usa labios

su boca flor de dos pétalos
su flor dos gajos de fruta incomibles
que pronuncian deseos
gajos de lo indecible
labios que al fin se quedan resignados
al silencio de su rajada

Mujer usa ser hombre
para conocerse desde él,
desde allá;
mujer usa ser Dios
cuando el alma se le sale
y ya no quiere volver
a su cuerpo al fin vacío
como estrella en la carne de la noche

Raúl Aceves

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